¿Por qué existe la neutralidad?

Como ya dijimos, en buena medida, el éxito de Internet recae en su arquitectura abierta y descentralizada, es decir, en los tres principios fundacionales que lo construyeron:

  • Que todos los puntos de la red deben poder conectarse a todos los otros puntos de la red (el principio de extremo a extremo);
  • Que todos los proveedores de Internet deben hacer el mejor esfuerzo para entregar el tráfico de punto a punto tan expeditamente como sea posible (el principio del “mejor esfuerzo”); y
  • Que todos deben ser capaces de innovar sin pedir permiso a ninguna persona o entidad.

Estos principios son los responsables del carácter abierto y de la neutralidad de Internet. Su desarrollo explica la capacidad democratizadora que se atribuye a esta red. Sin duda, la neutralidad de la red fue inicialmente un problema de servicio, pues, Internet es una red de computadores y por tanto, para conectar a los humanos, se requiere de la tecnología. Pero Internet es más que una red tecnológica. Como ya se ha visto, pronto se evidenció que estaba relacionada con el ejercicio de derechos humanos y, sobre todo, con la libertad de expresión.

Cuando se empezó a hablar de la existencia de un principio de “neutralidad” de la red que garantizara los principios fundacionales de Internet, se hablaba esencialmente de un problema de servicio, de un tema de competencia y de derechos de los consumidores. Si no se garantizaba la neutralidad, se corría el riesgo de perder la alta capacidad innovadora, de emprendimiento, que facilita Internet. De otra parte, se perjudicaría a los usuarios, a los consumidores que no podrían acceder a más y mejores servicios. El problema inicialmente discutido en relación con la neutralidad de la red fue uno de mercado.

De esta visión datan las primeras leyes que desarrollaron el principio de neutralidad -Chile en 2010 y Países Bajos en 2011-. El desarrollo legislativo chileno fue el resultado del cuestionamiento que se hizo a los proveedores de acceso a Internet por la calidad del servicio y su falta de transparencia.1 Alberto Cerda hace un recuento de 3 casos que antecedieron a la ley chilena y le dieron el piso necesario para su promulgación, pues, demostraron que las empresas proveedoras de Internet interfieren en las comunicaciones de sus usuarios. 2

Este antecedente fue el detonante de la discusión legislativa en el país latinoamericano que llevó a la ley de 2010. La legislación, en esencia, obliga a los prestadores de servicio a dar información a los usuarios y a abstenerse de interferir en sus comunicaciones, sirviendo para que otros países como Colombia, Ecuador, México y Perú hayan seguido el ejemplo.

La visión de concentrar la idea de neutralidad en un asunto de servicio ha sido recientemente superada por una nueva, por una preocupación sobre el ejercicio de derechos humanos que tiene en el eje la protección de la libertad de expresión. La dimensión de garantizar la neutralidad de la red como una herramienta central para el ejercicio de derechos humanos la materializó el anterior Relator Especial de la ONU para Libertad de Expresión y Opinión Frank La Rue, quien afirmó que Internet es la nueva “plaza pública”, espacio público donde todos nos encontramos, socializamos e intercambiamos opiniones, donde nos comunicamos. La Rue aboga porque sea prioridad de todos los Estados facilitar el acceso a los individuos a Internet con la menor restricción posible a los contenidos. 3

Y es que, potencialmente, en Internet cualquiera puede informarse, pero también informar. En eso se diferencia de las tecnologías que articulan los medios de comunicación que lo precedieron. Internet, como desarrollo de sus principios fundacionales, permite comunicaciones de muchos a muchos, mientras que la TV, la radio, el cine, etc., funcionan de uno a muchos.

De otra parte, en su informe de 2013, titulado Libertad de Expresión e Internet, la Relatora Especial de la OEA para la Libertad de Expresión, Catalina Botero, recogía la visión original de la neutralidad de la red al afirmar que, ésta

se desprende del diseño original de Internet, el cual facilita el acceso y la difusión de contenidos, aplicaciones y servicios de manera libre y sin distinción alguna. Al mismo tiempo, la inexistencia de barreras desproporcionadas de entrada para ofrecer nuevos servicios y aplicaciones en Internet constituye un claro incentivo para la creatividad, la innovación y la competencia.4

La protección de la neutralidad, nos dice Botero, es fundamental para garantizar la pluralidad y diversidad del flujo informativo, recordando las palabras de la Corte Interamericana,

el Estado no sólo [sic] debe minimizar las restricciones a la circulación de la información sino también equilibrar, en la mayor medida posible, la participación de las distintas corrientes en el debate público, impulsando el pluralismo informativo. En consecuencia, la equidad debe regir el flujo informativo.5

Asimismo, invoca el Principio 5 de la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión, dispone que

Las restricciones en la circulación libre de ideas y opiniones, como así también la imposición arbitraria de información y la creación de obstáculos al libre flujo informativo, violan el derecho a la libertad de expresión.6

Pero, sobre todo, afirma que es necesario “evitar que el establecimiento de controles particulares genere una violación de la libertad de expresión”.7

La neutralidad de la red es un principio jurídico en creación que resalta la importancia de los intermediarios en el ecosistema de Internet, conecta la tecnología con el ejercicio de los derechos y los obliga a actuar como intermediarios, reconociendo su potencial para intervenir en las acciones de los usuarios. La neutralidad se había visto hasta ahora como un tema e evitar, prevenir que los intermediarios incidieran en las lógicas y principios del diseño de Internet afectando a los usuarios. Sin embargo, no hay duda de que cada vez más la veremos también referida a un deber del Estado de plantearse, a su turno, la obligación de mínima afectación a la neutralidad cuando entra a imponer obligaciones a los intermediarios.

Notas: 

  1.  Cerda, A. (2013). Neutralidad de la red y Libertad de expresión. Revista Cuestión de Derechos, No. 4, pp. 67-78. Recuperado en www.cuestiondederechos.org.ar.
  2. Ibid.
  3.  A/HRC/17/27, op. cit. (nota 21)
  4.  Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2013). Internet y Libertad de Expresión. OEA/Ser.L/V/II CIDH/RELE/INF.11/13, párr. 27.  Recuperado en http://www.oas.org/es/cidh/expresion/docs/informes/2014_04_08_Internet_WEB.pdf
  5.  Ibid, párr. 28.
  6. Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2000). Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión. Principio 5. Recuperado en https://www.cidh.oas.org/Basicos/Basicos13.htm. Véase también Ibid, párr. 28.
  7. Ibid.
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